
-Tengo que huír -dijo Abdel en voz baja, se le notaba desesperado, pegó un trago , corto, porque quedaba poca cerveza, la vacío-, ¡necesito que me ayuden!
Saïd y Karim estaban desconcertados, no creían lo que escuchaban.
-Son lo únicos en quienes confío -se rascó la cabeza, estaba nervioso, maníatico- sólo ustedes pueden ayudarme.
Saïd, desconcertado, se quedó mirando muy fijamente el techo; era muy antiguo, de madera muy gastada, habían telarañas, muchas, se veía mucho polvo y había un dibujo muy antiguo, de dos revolucionarios; armados con un letrero que rezaba: "Aux armes citoyens".
Finalmente Karim afirmó con la cabeza a lo que decía Abdel.
-Pero que podemos hacer -preguntó Karim, pegándole con la codo a Saïd, aunque éste ni caso-, ¿A dónde pinesas ir?
-Al norte no puedo -dijo Abdel, sacó una moneda de 50 céntimos, y empezó a jugar con ella-, conocen bien a Vinç.
-¡Y fuera de Francia? -interrumpió Karim, Saïd seguía sin hacer caso-, ¿Alemania? ¿Italia? ¿Bélgica?
Abdel ahora giraba y giraba la moneda.
-No, para Alemania, tendría que pasar por Strasbourg, y por Italia por Lyon o St. Etienne; Vinç tiene demasiados adeptos en esos lugares, y no pienso ir a Suiza ni a Luxemburgo ni a Bélgica.
Abdel seguía girando la moneda, hasta que se le cayó, dando la parte contraria de la moneda y vió algo que le iluminó la cara; vió la cara de Cervantes.
-¡España! -dijo finalmente-.
-¿España? -dijo Karim-, pero tendrías que pasar por Bordeaux, tío estas loco -le pegó un trago a su Kronenbourg-.
-Suena a locura -se le acercó un poco-, pero piensa que se ganó muchos enemigos allá en el '97 -se levantó de la meza- ¡Dos 1660 y una Kronenbourg!. Es la única zona del sur que no vigila.
El camarero llevó las cervezas, pero dejó las botellas vacías. Karim y Abdel cogieron sus botellas, Saïd seguía ido, no cogió su cerveza, las juntaron y pegaron un sorbo largo, dejaron las botellas a la mitad.
-Yo tengo un amigo en Barcelona -dijo Karim-, seguro que te acogerá en su casa hasta que se arreglen las cosas.
-Eso estaría bien -reconoció Abdel-.
Sí -Karim pegó otro sorbo, pero esta vez corto-, es un barrio que se llama Rabal.
-Es bueno saber que tengo amigos como ustedes -a Abdel se le notaba más tranquilo, más ligero-.
-Llamaré a mi amigo y le explicaré todo -dijo Karim, que vacío la botella-, ahora sí me tengo que ir, ¿Dónde estarás?
-En casa de Alain -Abdel se lavantó, Karim le imitó, Karim vió que Saïd seguía ido, le dió un codazo, Saïd se levantó, estaba mecanizado-, fuera de Paris, en Rouen, en Dieppe para ser exacto, pregunta por Alain Fouché, él les llevará donde estoy.
Se dirigieron a la puerta, Abdel se puso un saco negro, y un sombrero gastado, también negro, hacía mucho calor para ir así. Salieron del Trocadéro y se despidieron, Saïd sólo con la vista, y se fueron alejando, hasta que ambos grupos se perdieron de vista.
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