sábado, 7 de marzo de 2009

Capítulo IV - El peor recuerdo de Saïd


Era cierto, Vinç quería cargarse a Abdel, su fracaso fue tomado como traición y Vinç no perdonaba traiciones a nadie y por nada. La noticia se había expandido por los suburbios de Francia, y Vinç no dejaría escapar la oportunidad de matar a un traidor, y la mejor manera era cerrándole el paso, arrinconándole, incomunicándole.
Así que puso gente en guardia en las zonas que rodeaban París; Caen, Rennes, Troyes y Châlons-sur-Marne. Puso gente, también en Brest, Lorient y Nantes; por si quería salir por el oeste, en el este puso sicarios en Thionville y Strasbourg, cerrándole el paso por Alemania. Chambéry y Provence por si se le ocurría ir a Italia, y Montpellier y Marseille, eran los únicos sitios del sur que había cerrado. Por suerte, como predijo Abdel, el sud-oeste quedaba libre, aunque su paso era muy arriesgado, ya que Vinç contaba con cierta influencia sobre la policia de Toulouse. Para Abdel, el paso más seguro era por Bordeaux, llendo por toda la costa oeste.

Este suceso recordaba mucho al que pasó hacía no más de siete años.

Vinç, yá en ése entonces contaba con mucha fama en el sub-mundo parisien . Mucha gente le conocía, pero pese a eso siempre era muy solitario. Trabajaba con poca gente en el negocio del tráfico de armas, calaña como; Franck Dacourt, conocido como el Al Cappone de los sicarios, un experto en el noble arte de matar por dinero. Patrice Deschamps, traficante de armas, una especie de discipulo de Vinç, también estaban con él los hermanos Amit y Alecto Troussier, lideres de una de las bandas -en su momento- más temidas de secuestradores; 'Exodus'. Mikaël Lemérre, asaltante de bancos, dió el golpe en 1995 robando 20 millones de francos del Banc Populaire. Y finalmente, Saïd Hasan El Fayeh, un marroquí que falsificaba visados de africanos para pasar a Europa. Vinç tenía muy buenas relaciones con todos, pero en especial con Saïd Hasan, se habían conocido en Marseille, cuando ambos tenía entre 15 y 17 años, Vinç le había explicado a que se dedicaba y que necesitaba 'mano de obra' barata, y que en Francia esa clase de gente era díficil de conseguir; necesitaba inmigrantes, ¿sub-saharianos?, ¿magrebíes?, daba igual, respondía Vinç, esos siempre cobran barato, Saïd Hasan le contó que el trabajaba con un tal Abdulah, y que falsificaban visados, bueno no eran falson, sino que el embajador de Francia en Marruecos era amigos del padre de Abdulah, y cuando el padre de Abdulah murió, el embajador de Francia en Marruecos; Jean-Antoine Dómine se hizo cargo de él, así que Abdulah podía -practicamente- meter a Francia a quien le diera la gana. Vinç, encantado de la vida aceptó trabajar con Abdulah, y simepre tenía un contacto muy directo con Saïd Hasan, su socio. Las relaciones de Vinç con Abdulah iban bien, pero Abdulah decidió subir las tarifas de los 'voyage' -como le decían a su negocio-, eso a Vinç no le hizo gracia, y convenció a Saïd Hasan para 'sacarlo del juego'. Así que se cargaron a Abdulah, y para acabar de coronarse, extorcionaron al embajador francés con soltar toda la mierda en la que estaba involucrado , si no colaboraba con ellos, el embajador tuvo que aceptarlo. Así estubieron mucho tiempo, años, pero llegó el momento en el que Saïd Hasan quizo acabar con eso, largarse de toda la mierda, y se lo dijo a Vinç, al que tampoco le hizo gracia recibir esa noticia. Aunque acepto con la condición que le hiciera un último 'favor', anteponiendo su muy sincera amistad en cada palabra. Saïd Hasan aceptó. Era cuestión de traer a quince magrebíes a Francia, algo fácil, le pagaría 30 mil francos, Saïd Hasan se lo hubiese hecho gratis, por ser su amigo. Vinç tenía algo muy claro, la amistad para él no existía, la confianza era una quimera, así que no podía dejar ir a Saïd Hasan por nada del mundo. Vinç volvió a usar su influéncia contra el embajador francés y este accedió, dieron un soplo a la policia francesa 'avisaron que en casa de Saïd Hasan habían quince magrebíes, con documentos falsificados ytrescientos gramos de hachís, y cerca de 2 millones de francos en documentos ilegales', Saïd Hasan, por suerte no estaba en su casa, estaba con su hijo, veraneando en Marseille. Vinç sabía cada movimiento que hacía Saïd Hasan, sabía como ubicarlo. Lo encontró una tarde soleada, paseando de la mano con su hijo, un niño de no más de diez años, Vinç lo observaba desde su coche, se bajó del coche y caminaba justo detrás de él, a paso lento, llevaba una 'Desert Eagle' en la parte trasera del pantalón. Apenas unos pasos les separaban. Vinç sacó su arma, llevaba un silenciador, escuchaba de lo que hablaba Saïd Hasan y su hijo, "...cuando crescas te enseñaré como lo hago....", Vinç levantó su arma, a la altura de la cabeza de Saïd Hasan, se quedó quieto, tiro lentamente del gatillo, "...papá iremos maña a Marrakech...", un sonido parecido a un zumbido suave hizo que unas cuantas gaviotas chillaran, poco después el cuerpo inérte de Saïd Hasan cayó en la arena del mar, Vinç con una sonrisa malevola se giró y corrió y corrió hacia su coche, y se fue, nadie vió nada, estaba tan solitaria la playa que nadie vió nada. Sin embargo el hijo de Saïd Hasan pedía auxilio, lloraba y gritaba junto al cuerpo de su padre.
Habían matado al padre de Saïd.

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