
Y allí estaba él, frente al ordenador, mirando mapas de las calles de su país. Aquel 'británico' miraba muy emocionado el callejero con calles -evidentemente- de su país, pero las miránba con un ímpetu increíble. Es fascinante el amor que se llega a sentir por las calles que uno va recorriendo cada día, por su barrio; a mi me pasa igual, ese vínculo que se crea al recorrer cada calle, cada pasaje, cada pasadiso, es entrañable y nostálgico. Me suele pasar. No, no me pasa con las calles de mi Lima natal. Es Poblenou, mi barrio -¿por qué no?-, vivo aquí, conozco cada calle como si hubiése nascut aquí, cada atajo. La nostalgía me invade al estar lejos de Poblenou, mi barrio, con su gente tan cálida, con su mar, esa alegría, ¡Hasta las chimeneas!. El aroma que desprende el mar, el viento contorneándo las masas, ese enamorador mestizaje que se ve en el barrio. No tengo nada más que decir; Te quiero Poblenou!
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